Hoy siento que la loba del armario tiene ganas de salir.
Esa que se quiere comer al mundo de un mordisco, que le da ansiedá nomás de pensar cuán grande tendría que abrir su hocico para lograr esa hazaña.
Esa que tiene ganas de ponerse de pie y gritar ¡aquí estoy, y existo!
Que quiere ponerle voz a su mundo interno y de paso agregarle unas rimas coquetas, unas melodías perronas y unos ritmos sabrosones.
Esa loba está cansada de estar cansada. Cansada de sentir que no está lista. Hoy no quiere devorarse al mundo, sólo quiere comerse un rico postrecito que le recuerde que está viva.
Que le recuerde que puede sentir placer, que puede sentirse lista.
Y juguetona.
…y radiante.
…y creativa.
Un chocolatito que le sepa a gloria.
A la gloria de aventarse un clavado a las profundidades de su universo tan amplio y diverso. A la gloria de aventarse un clavado a las profundidades de su universo…
Y sólo observarlo.
Sin reflexionar; sin ver qué arreglar.
Sin analizar, sin juzgar
sin querer sanar, sin hacer una tesis doctoral de cada error y desperfecto en ella.
Sin-vergüenza.
Sin-ceramente.
Sólo sentarse y observar el hermoso paisaje que crece cada día dentro de ella. Ese en el que hay vida y hay muerte; luz y sombra. Caos y armonía; minimalismo y maximalismo.
Que va de lo macro, a lo micro.
Hoy esta loba sólo quiere ser una pulguita lisérgica, contemplando las camaleónicas nubes, los palpitantes árboles y que, a la vuelta de su aventura, dibuje con su lengua un pequeño boceto, una breve poesía, una juguetona canción o un tierno chisme.
